viernes, 29 de abril de 2011

"TRATAR DE VER LA REALIDAD"

Si queremos adentrarnos en las enseñanzas del Budismo, tenemos que comprender que se trata de enseñanzas y práctica de meditación, un contexto completamente diferente a las religiones mayoritarias, cuya base es el adoctrinamiento y se persigue una salvación del individuo. Para la opinión de muchos occidentales el budismo es pesimista, porqué insiste en el sufrimiento o en la insatisfacción. No podemos pretender que la vida sea una panacea, porque no es real y tenemos que ser honestos con nosotros mismos desde el vamos, para no truncar nuestra práctica, que de eso se trata. El Budismo se practica con meditación apoyada en la lectura; con la meditación logramos crear un recreo, un espacio en nuestras actividades cotidianas y estar con nosotros mismos, de asumir lo que somos y convivir con nuestros problemas e irritaciones. La meditación  nos permite encarar la vida como algo que es posible manejar, no es necesario estar aislado del mundo y huir de los aspectos mundanos  de la sociedad en la cuál vivimos. Aprendemos a manejar nuestras emociones positivas o negativas, a tener una conciencia aún más panorámica, comenzamos a cambiar nuestras actitudes, que se vuelven más cálidas y compasivas. "El enfoque del budismo consiste esencialmente en cultivar un sentido común trascendental, en ver las cosas tal como son, sin exagerar nada ni ponernos a soñar con lo que nos gustaría ser."

martes, 26 de abril de 2011

EL PODER DEL AHORA

Ayya Gunasari Bhikkhuni



Nació en Myanmar en 1.932 y después de convertirse en médica, inmigró a Estados Unidos para trabajar en el campo de la medicina con su esposo en 1.961. Después de la llegada de cinco hijos, comenzó su meditación a finales de los años setenta bajo la tutoría de Taungpulu Sayadaw, Sayadaw U Silananda y Sayadaw U Pandita.
Después de casi treinta años, con muchos retiros con estos maestros, ha desarrollado la práctica de los Cuatro Fundamentos de la Atención y de la Meditación Vipassana como fue enseñado por ellos.
En el año 2.002, luego de ser abuela, entró a la vida monástica como una samaneri (novicia) a la edad de 70 años en Dharmavijaya en Los Ángeles, ordenada por el Ven. Bhante Pannyaloka Mahathera y el Ven. Bhante Dr. Walpola Piyananda, Jefe del Sangha Nayaka Thero del Sangha de Sri Lanka en Norteamérica.
En el año 2.003, ella junto a Ayya Saccavadi se convirtieron en las dos primeras mujeres birmanas en ser totalmente ordenadas en Sri Lanka como bhikkhunis conforme a la tradición Theravada vía ordenación doble por el Ven. Dhammaloka Nayaka Thero de la Secta Amarapura en Sri Lanka.
Seguido a la ordenación completa, volvió a Estados Unidos donde ha estado implicada de manera activa en la organización de varios retiros de Meditación Vipassana y clases en el Centro de Meditación Vipassana Thanti Thistar en Riverside, California del Sur. En el año 2.006, fue galardonada como una Mujer Budista Excepcional en el Día Internacional de la Mujer por la Naciones Unidas. En el año 2.007, a pedido de S.S. El XIV Dalai Lama, participó como oradora en el Primer Congreso Global de Mujeres Budistas en Hamburgo, Alemania.
Ayya Gunasari se trasladó al Centro de Meditación Dhamma Dena junto con Ayya Saccavadi y Sayalay Ma Uttamatherhi tras un ofrecimiento de Ruth Denison de Samadhi House (una casa de retiro con 7 habitaciones) como alojamiento monástico al Bhikkhuni Sangha en mayo de 2.007.

sábado, 23 de abril de 2011

Enseñanzas filosóficas de un monje budista

El maestro Yhangchub es de origen británico y tiene 17 años de ser budista. Cuando le preguntamos de qué religión era, respondió: "Soy un ser humano", contestación que dice mucho de lo que predica.
Refirió que el budismo es muy antiguo, ya que tiene 2 mil 600 años de historia y se basa en las enseñanzas de la figura histórica llamada Buda, quien era un príncipe real que renunció a su palacio, con el propósito de seguir el camino espiritual. UNA ENSEÑANZA CON TRES PROPOSITOS
Luego -añadió- Buda se dedicó a la parte de la meditación, enseñanzas que después impartió luego de lograr la iluminación, que es lo que se conoce como budismo. 

Explicó el monje budista que las enseñanzas budistas tienen tres propósitos. El primero, ayudarnos a mejorar la calidad de vida; el segundo, ayudar a librarse fácilmente del enojo, del apego, o sea, de lo que llamamos perturbaciones mentales; y tercero, lograr lo que se llama iluminación espiritual.  

Cuántas veces no hemos visto monjes budistas por las calles de Managua con unos largos trajes color amarillo o anaranjado. El maestro budista explica que esa vestimenta simboliza la vida sencilla, la que se expresa con el color morado.
El amarillo en la vestimenta representa la sabiduría, la que el maestro Yhangchub ocupa para impartir clases, explicando que andar con la cabeza calva significa para ellos que buscan la felicidad por dentro y no por fuera.
El budismo tiene como punto de referencia los montes del Himalaya en el lejano Nepal, país que para el maestro Yhangchub es igualito que Nicaragua, "la vida es dura, mucha falta de salubridad, mucha desnutrición y mucha pobreza".
El monje budista dijo que es una creencia común en Occidente creer que Buda da suerte para el dinero y el amor, "pero Buda es un ser iluminado, cuyo principal propósito siempre fue enseñar a alcanzar la paz interna". MEDITACION SOBRE TODO
Para alcanzar la paz interna, principal recomendación que hace el maestro originario de Gran Bretaña, es necesaria la meditación, pues al alcanzarla se logran muchos beneficios, porque se descansa el cuerpo y la mente.
Es un error creer que se logra la meditación poniendo la mente en blanco -manifestó-; meditación es ofrecer las herramientas para cambiar fundamentalmente por medio de una combinación de estudio y contemplación.
"Las enseñanzas budistas nos ofrecen muchas meditaciones que podemos hacer para curar diferentes problemas de la vida diaria, debido a que nos ayudan a curar enojos, depresión y a sentir valor en la vida".




Krishnamurti, la atención

lunes, 18 de abril de 2011

Comentarios sobre el Shodoka

Cuando se despierta plenamente al cuerpo del dharma, ningún objeto existe.
La fuente original de nuestra propia naturaleza es la pura naturaleza de Buda.

 ¿Qué es la suerte? A menudo los horóscopos de los periódicos predicen suerte o desgracia, buen o mal destino. ¿Es una suerte obtener algo? ¿No podría eso volverse también una carga? ¿Es una desgracia perder nuestro dinero? Si perder nuestro dinero aligera nuestras obligaciones, es una buena cosa, ¿no es verdad? ¿No están ustedes de acuerdo cuando digo que no comprendemos qué es una suerte y qué es una desgracia? Si miramos por segunda vez y profundizamos en la cuestión, la una y la otra son buenas. Obtener y dar es lo mismo.

Lao Tse dice: "La belleza no es una ventaja." Es una desgracia tener un rostro bello. Siendo así, ¿es una suerte ser feo? ¿Quién podría decir tal idiotez? No se puede decidir sobre tales asuntos. No tienen importancia. Porque una persona haya nacido bella o no, no tiene porqué tener más o menos suerte que cualquier otra. Eso es una cosa que la gente decide por su propia cuenta. La gente se queja siempre: "¡Usted es tan guapo, y yo no valgo nada!." Pero eso no es tan importante. Valoramos una situación pasajera y por su causa gemimos y envidiamos a los otros. Los hombres son criaturas extrañas. El rico mira al pobre de arriba a abajo. El que tiene buen aspecto es arrogante. Una persona inteligente se da aires de importancia. Pero, ¿qué es lo que cuenta? Después de muertos no queda nada de nada. Si este género de cosas no hubiesen nacido, no existirían. No han aparecido más que por un breve período. 

Maestro Kodo Sawaki 

sábado, 16 de abril de 2011

LA TAZA VACÍA


Érase una vez, en la época de los samuráis, en el antiguo Japón medieval, un orgulloso guerrero que fue a visitar a uno de los más respetados Maestros Zen de por aquel entonces. Al llegar, hizo sus presentaciones, narrando los inmensos conocimientos y las extensas y variadas experiencias de las que se había hecho acreedor. Después, una vez hubo finalizado su prolijo relato, explicó el motivo de su visita:


-Maestro, he venido para saber todavía más. Para acumular más experiencia. He venido para aprender todos y cada uno de los secretos del Zen.


-Muy bien, hijo. -Le contestó el maestro-. Pasa y toma asiento, te prepararé una taza de té. Seguro que reconfortará tu cuerpo y quizás también tu espíritu.


Una vez dentro, el maestro, con suma humildad, le preparó y le ofreció al guerrero la prometida taza de té. Con aparente distracción, mirando tiernamente a los ojos de su acompañante y con una sonrisa en los labios, el maestro vació el líquido de la humeante infusión en el recipiente que su invitado le ofrecía. Cuando el líquido llegó al límite de la taza, el maestro, con premeditada indiferencia y manteniendo su actitud humilde y su tierna mirada, siguió y siguió vertiendo más y más cantidad del humeante y aromático brebaje. Como era de esperar, el líquido, después de rebosar el límite de la taza, empezó a derramarse y a empapar el elegante kimono del soberbio visitante...


-¡Maestro! -Inquirió el guerrero, con contenido pero evidente enojo-. ¿No ha advertido usted que la taza ya está llena y que el líquido rebosante está empapando mi apreciado y excepcional kimono?


El maestro, después de respirar profunda y largamente, manteniendo su actitud humilde, acentuando su tierna mirada, remarcando algo más su sonrisa, e insistiendo en su aparente indiferencia, dijo, con infinita calma:


-Así como la taza de té, cuando está llena, impide que podamos introducir nuevo líquido; de esa misma manera, tu taza de conocimientos y de experiencias, en estado rebosante, impide que tú puedas construir, sentir e incorporar vivencia o aprendizaje alguno. Hijo mío, si de verdad quieres aprender los secretos del Zen, tendrás primero que vaciar tu taza. En caso contrario, desgraciadamente, nada podré hacer por ti.


El altivo guerrero, bajando la mirada y con un porte que pretendía asemejarse a la actitud de humildad mantenida por el anfitrión, contestó:


-Maestro, he entendido tu primera lección. Procuraré desprenderme de todos los conocimientos y de todas las experiencias que llenan mi taza, e intentaré impregnarme de tu sabiduría Zen.


No has entendido nada, hijo mío. Eso es imposible. Nunca podrás desprenderte de la totalidad de tus aprendizajes pasados -contestó el Maestro-. Pero no te preocupes, nos pasa a todos. De momento, me basta con tus palabras y con tu nueva actitud. Ahora, ya has abierto tu puerta. Ahora, ya estás preparado para aprender las enseñanzas del Zen...