sábado, 29 de octubre de 2011

Hablar solo no es cosa de locos

Puede ayudar a liberar tensiones y a organizar el pensamiento, afirman especialistas en salud mental

Karelia Vázquez
Diario El País

MADRID.- Conversar con uno mismo tiene muchas ventajas, según afirman especialistas en salud mental. Es un desahogo y rebaja la tensión emocional. Poner palabras a los sentimientos, con público o sin él, ayuda a sacarlos de la cabeza.

Si a alguien le pillan hablando solo, lo más normal es que se invente una excusa. Por ejemplo, "estaba pensando en voz alta". Es raro que alguna persona reconozca que mantiene encendidos diálogos con el espejo del baño o que consigue resolver importantes cuestiones después de explicarse a sí mismo en voz alta una y otra vez el asunto en cuestión.

Socialmente no está aceptado hablar solo. Todavía se asocia con algunos trastornos mentales, como la esquizofrenia, patologías en las que los enfermos oyen voces en su cabeza y entablan hipotéticos diálogos con ellas.

Pero la gente sana que habla sola está muy cuerda. Al menos eso dice el psiquiatra Luis Rojas Marcos. En su último libro, Superar la adversidad. El poder de la resiliencia (Espasa Libros, 2010), apunta que "hablar con amigos, con una planta, con un gato o con uno mismo es uno de los factores que ayudan a superar una situación de crisis".

Hablar con uno mismo en voz alta también es útil para pensar mejor y tomar decisiones. "Para mucha gente es una forma de rebajar la intensidad emocional, un desahogo. ¿Están locos? No creo, las ventajas son enormes", comenta el psiquiatra.

Equilibrio personal

En foros protegidos por el anonimato como son los grupos de fans que se crean en la red social Facebook, el grupo Hablar Solo consiguió 5999 seguidores en tiempo récord; el 70% eran mujeres.

"¿Es que los hombres no hablan solos?", se preguntaba su creador. La razón más frecuente que aducían los miembros del grupo para juntarse desbordaba sentido común: "Soy la única que me entiendo perfectamente a mí misma". La versión en inglés de este grupo, Just Because I Talk to Myself doesn´t Mean I Am Mad " (hablar solo no significa que esté loco), tenía una cantidad similar de seguidores con argumentos de la misma naturaleza.

Rojas Marcos afirma: "Es bueno antropomorfizar a los animales y a las plantas, los efectos son similares a comunicarte con un ser humano". Para el psiquiatra, la gran ventaja de hablar, solo o con público, es que "al poner palabras a los sentimientos, los sacas de tu cabeza, haces tu versión de los hechos y cuentas tu historia".

Este experto en estrés postraumático cree que es importante "teorizar" sobre lo que nos pasa. "Los sentimientos que no tienen palabras se acumulan en la memoria emocional. Por ejemplo, las imágenes y los olores de una situación de terror se quedan en la memoria emocional y sólo convirtiéndolas en palabras pasan a la memoria verbal. Lo más sano es pasar lo que se acumula de la memoria emocional a la verbal."

Hablar solo tampoco es un síntoma de soledad o de no tener amigos. Para mucha gente es una manera de organizar o aclarar las ideas. Cuanta más extravertida es la personalidad, los diálogos internos en voz alta son más frecuentes.

En opinión de la psicóloga Isabel Larraburu, las personas que exteriorizan mucho sus ideas y estados de ánimo necesitan mayor cantidad de estímulos sensoriales para conseguir el equilibrio personal.

"Si se ven forzados al aislamiento o la soledad, pueden llegar a construirse un ambiente a su medida hablando solos, con los animales o con las plantas." Todo lo contrario les pasa a los tímidos. "Un exceso de estímulos externos puede llegar a descompensarles. Están más a gusto con el silencio", explica la psicóloga.

La otra cara del diálogo sin fin con uno mismo es menos amable. "Es beneficioso hablar de cosas que han ocurrido en el presente, pero hablar compulsivamente y sin control de algo pasado no ayuda a pasar página", dice Rojas Marcos, que cuenta que a su consulta llegan pacientes con problemas de ansiedad cuyo origen está en un trauma de la infancia. Estos casos lo ponen en la disyuntiva de si es conveniente o no hablar del pasado para ayudar al paciente.

"Remover o no remover, ésa es la cuestión", ilustra el psiquiatra, y añade que hay que hablar del pasado sólo cuando es útil.

El psiquiatra Jesús de la Gándara también opina que no parar de hablar de algo pasado "aumenta la permanencia de los problemas en la conciencia, causa fatiga emocional e impide avanzar".

La cháchara compulsiva sobre un tema contribuye al fenómeno que los psiquiatras llaman mood amplification , es decir, la amplificación de los estados de ánimo negativos. Una de las terapias psicológicas más de moda en Occidente, el mindfulness , que consiste en eliminar la dispersión mental y concentrarse en disfrutar el presente, aboga por poner en práctica "el olvido voluntario".

Isabel Larraburu dice cómo hacerlo en su libro Atención plena (Temas de Hoy, 2009). Para conseguirlo conviene "dejar de recrear los malos recuerdos mediante conversaciones de modo que vayan cayendo en desuso, y no rememorar los detalles para que no se fijen en la memoria a largo plazo". Esta terapeuta opina que "hablar no es terapéutico, reivindico el silencio para utilizar las palabras de forma más sabia. Esto implica equivocarse menos, y no soltar la palabrería para esconder sentimientos u ocupar los momentos de incomodidad".

Sin embargo, la gente sigue con necesidad de contar su vida. "Probablemente se hable mucho, pero no lo suficiente de las cosas importantes", opina Rojas Marcos. En su página web ( www.luisrojasmarcos.com ), personas desconocidas le dejan testimonios "desgarradores", le piden opinión sobre "intimidades y cosas serias".

"Me sorprende que la gente tenga tanta necesidad de desahogo a través de un medio por el que sólo puedo dar consejos muy generales. Es como llamar al teléfono de la esperanza."

De niños o de adultos, todos tenemos soliloquios. Se estima que estas reflexiones en voz alta sin interlocutor suponen entre el 20 y el 60% de los comentarios que hacen los niños entre los cuatro y los diez años.

Cuando nos hacemos mayores, seguimos contándonos una receta mientras cocinamos, repetimos un número de teléfono para memorizarlo o nos animamos frente al espejo con esa conversación/discusión que tenemos que tener de una vez con el jefe.

jueves, 27 de octubre de 2011

“La importancia de estudiar el Dharma de Buda”

Solo el Dharma de buda es capaz de ser el camino a través del cual se puede abandonar el samsara. Esto es así porque aunque hay otras enseñanzas que explican que el samsara debe ser visto como sufrimiento, que saben que el apego se considera como una falta, que descartan el karma negativo, que practican las austeridades y en los cuales los adeptos reciben varios votos, etc.; estos métodos por sí solos no pueden ni siquiera dañar la raíz de samsara, de modo que estas enseñanzas no pueden revertir el samsara.
La raíz del samsara es el aferramiento al yo, y el antídoto para ello es la sabiduría que comprende su vacuidad, la existencia no inherente del yo. Esto debe entenderse como la sabiduría que solo el Buda a expuesto. Mas aún, los métodos profundos para obtener la liberación y la omnisciencia se enseñan solo por el Buda.
La tradición budista tiene como base la moralidad y pone gran énfasis en la meditación precedida por la escucha de las enseñanzas y la contemplación. El camino Mahayana se debe completar mediante cuatro características: la disciplina moral, que es la causa de no distraerse; la escucha, que es la causa de no ser ignorante; la contemplación, que es la causa de la indagación; y la meditación, que es la causa de la separación de los cuatro apegos. Escuchar, contemplar y meditar, consideradas como las tres sabidurías no suceden sin cada una depender de la anterior.
El tripitaka, que se confirma como las palabras verdaderas de Buda, y los shastras o comentarios compuestos por el Acharya Nagarjuna, Asangha, Vasubandhu, Shantideva y Chandrakirti, siguiendo la intención de Buda, forman las doctrinas de Buda. Sabiendo que la doctrina de Buda es muy difícil de encontrar, que tiene un gran propósito, y que no va a durar mucho, es apropiado, para todos los que tienen devoción, escuchar y practicar.
Con estas enseñanzas mi deseo es decirle a los seres que si prestan atención al Dharma, ganarán comprensión, y como resultado disfrutarán al hacer la práctica, y así todos sus propósitos se cumplirán.
Después de la comprensión: Cual es la causa para obtener la budeidad? Cual es el camino que facilita la iluminación?; cuales son las características de la budeidad resultante?; cuales son las materias que los principiantes deberían practicar?; y cuales son los darmas indispensables y como se deben practicar?; entonces uno debe practicar tanto como pueda.
Cualquiera que sea el estudio, cuando te acostumbras a él, cada vez se hace más fácil y produce más placer en nuestra mente. No solo produce más placer sino que también nos ayuda a cumplir cualquier tarea con facilidad. Habiendo escuchado el dharma, uno entiende lo que necesita ser entendido, y se abandona lo que tiene que abandonarse, y se cultiva lo que se tiene que cultivar; de modo que es cierto que uno obtiene lo que se necesita obtener.
por Khenpo Appey Rinpoche
                                                                                   

lunes, 24 de octubre de 2011

¿LA CIENCIA ES UNIVERSAL?

por  Jean-Marc Lévy-Leblond
“Dado que la ciencia es uno de los reales elementos de la Humanidad, es independiente de cualquier forma social, y eterna como la naturaleza humana”, escribía en 1848 Ernest Renan en L’Avenir de la science [El porvenir de la ciencia]. A pesar de que a fines del siglo XX el cientificismo del siglo XIX había perdido mucho terreno, sus preconceptos están lejos de haber desaparecido.
En la actualidad, la universalidad de la ciencia sigue siendo una convicción ampliamente compartida. En un mundo donde sistemas sociales, valores espirituales, formas estéticas pasan por incesantes cambios, sería tranquilizador que al menos la ciencia ofreciera un punto de referencia fijo dentro del relativismo ambiente. Tal vez incluso el único “elemento real”, para retomar la expresión de Renan. De hecho, un siglo más tarde el físico Frédéric Joliot-Curie pudo escribir con buena conciencia progresista: “El puro conocimiento científico tiene que aportar paz a nuestro espíritu, desechando supersticiones, terrores invisibles y dándonos también una conciencia más clara de nuestra situación en el universo. Y quizás sea una de sus principales razones: es el elemento fundamental -tal vez el único elemento- de una unidad de pensamiento entre los hombres dispersos por todo el globo ”.
Es difícil discutir el hecho de que todos los otros elementos de la cultura -formas de organización política, estructuras de parentesco, mitos fundadores, usos y costumbres, religiones y espiritualidades, artes y letras- pertenezcan a culturas, en el sentido etnológico del término. ¿Pero acaso la ciencia no ofrece conocimientos objetivos, verificables, reproducibles? ¿El teorema de Pitágoras, el principio de Arquímedes, las leyes de Kepler , la teoría de Einstein, si son verdaderas aquí y ahora, como lo eran allá y ayer, no lo son por esencia siempre y en todo lugar? Sin embargo, podría asaltarnos una primera duda si pensamos que estos ejemplos, por convincentes que puedan parecer, pertenecen a una tradición en resumidas cuentas bastante provinciana, la de Europa occidental y la cultura greco-judeo-cristiana. En apoyo de la universalidad, habría que preocuparse por citar un abanico de ejemplos, también universal, que convocaría saberes por lo común compartidos y referidos a orígenes tibetanos, maoríes o aztecas.
Si bien el siglo XIX consideraba que la ciencia occidental era la única existente, lo que la destinaba muy naturalmente a la universalidad, con posterioridad los historiadores de ciencias mostraron la importancia y riqueza de otras tradiciones científicas –india, china, árabe-islámica. Pero este reconocimiento suele percibirse como el de “fuentes” que alimentaron la gran corriente única de la ciencia, fuentes que, convengámoslo, durante demasiado tiempo fueron ignoradas, para subestimar mejor finalmente su historicidad específica .
En cuanto a la unidad de la ciencia, tan ardientemente proyectada hasta inicios del siglo XX, desaparece ante la creciente especialización de los territorios científicos, tanto en lo concerniente a sus modos de organización como a sus métodos de investigación.
Sin emitir juicio sobre la cientificidad de las otras ciencias, detengámonos en las matemáticas y las ciencias naturales; en efecto, si se tomaran en cuenta las ciencias sociales y humanas la crítica de la pretensión a la universalidad se haría mucho más fácil.
Si visitamos Japón, en uno de los múltiples templos sintoístas o budistas, podemos ver muchas tablillas suspendidas, grabadas o pintadas con motivos variados –paisajes marinos, vistas del Fuji-Yama, caballos al galope o puras caligrafías, como ofrendas a las divinidades locales. Entre esas imágenes hay complejas figuras geométricas, combinaciones especiales y enigmáticas de círculos, triángulos y elipses. El texto que acompaña la figura es un enunciado matemático, la mayoría de las veces sin su demostración. Esos sangaku, o tablillas matemáticas, remontan al período Edo (siglos XVII – XIX), en el que Japón se aisló voluntariamente y se desconectó de toda influencia exterior, en particular la occidental. Replegado sobre sí mismo, en ese período desarrolló algunas de sus más originales creaciones culturales, el teatro nô, y la poesía de los haiku una belleza del mundo oriental, típico del pueblo japones que en forma silenciosa se desarrolla permanentemente.

REALIZACIÓN

Realización, no es conseguir nuestros objetivos, los de nuestro Ego. No es tener éxito en su significación vulgar, porque esto no elimina el sufrimiento ni nos acerca a la comprensión del mundo y de los seres sino más bien al contrario: “De los fracasos se repone uno pero difícilmente de los éxitos”. Realización es actualizar nuestra auténtica naturaleza cósmica de seres humanos por la Práctica de la Sabiduría contenida en las Instrucciones y Enseñanzas de los sabios o Budas.

sábado, 22 de octubre de 2011

"LA MAYOR DECEPCIÓN"

“ENCONTRARÁS”. Atención a esta palabra. Ésta es la mayor decepción jamás inventada por el ser humano:  “ENCONTRARÁS “…… No ahora, sino en algún momento en el futuro…. No aquí sino en algún otro lugar. Y todas las llamadas “religiones “ han utilizado este artificio decepcionante. Prometen. Dicen: “Encontrarás".
Todo lo que quieras, pero no ahora…mañana”.
Y el mañana nunca llega porque siempre lo que llega es el presente. Siempre es ahora, y ahora, y ahora. Dondequiera que vayas a estar, será aquí y ahora. Si al ser humano se le permite estar aquí, ahora, se sentirá tan en paz y descansado, que será inmensamente feliz viviendo en el presente. 

viernes, 21 de octubre de 2011

Un Problema Muy Actual, "Que anula la vida de muchas personas"

Los problemas de personalidad

Cuando una persona sufre y adopta por ello conductas "raras" a los ojos de los demás, decimos que tal persona padece un "trastorno psicológico" (p.ej., ansiedad, depresión, etc). Sin embargo, otras veces oímos decir que algunas personas sufren "trastornos de personalidad" (p.ej., un trastorno límite, o narcisista, etc.). ¿Qué significan estos conceptos? ¿En qué se diferencian los problemas psicológicos comunes de los llamados "de personalidad"?
Un problema psicológico simple, tal como un proceso ansioso o depresivo, obedece a un conflicto concreto de una persona fundamentalmente madura y equilibrada, salvo en lo referido a ese conflicto. Dicha dificultad puede referirse a otra persona o circunstancia determinada, una experiencia particularmente dolorosa, ciertos momentos difíciles de la vida, etc. Pero, una vez afrontada y resuelta la crisis, esa persona recupera fácilmente la totalidad de su carácter básicamente maduro y satisfecho.  
Los problemas de personalidad, en cambio, afectan a todo el carácter del individuo, a su forma global de ser y funcionar en el mundo, por lo que hay pocas facetas maduras en su personalidad. El DSM-IV, actual vademécum de los problemas mentales, considera 10 trastornos básicos de personalidad: 1) paranoide, 2) esquizoide, 3) esquizotípico, 4) antisocial, 5) límite (TLP), 6) histriónico, 7) narcisista, 8) evitativo, 9) dependiente, 10) obsesivo-compulsivo. Lo que caracteriza a todos ellos, independientemente de sus síntomas y conductas externas, es una insatisfacción e inadaptación más o menos extremas a la vida, esto es, la soledad íntima, la inmadurez, el desamor, el miedo. Son todas ellas personas que, por mil obstáculos e interferencias en su desarrollo infantil, no han podido crecer y sentirse adecuadamente seguras del mundo y de sí mismas. Por ello no son felices y, desde luego, no pueden hacer felices a los demás. 
Por supuesto, los síntomas de los trastornos psicológicos simples y los de los problemas de personalidad son idénticos; lo que diferencia a los segundos de los primeros es simplemente su cantidad y perpetuidad. Por ejemplo, una persona fundamentalmente madura puede sufrir de repente un trastorno obsesivo, perfectamente circunscrito e incapaz de afectar otras áreas de su vida. Pero si la vida entera de una persona resulta invadida por síntomas obsesivos -en todos los momentos y circunstancias-, entonces hablamos de "trastorno obsesivo de personalidad". En todos los casos, sin embargo, así como el moho sólo nace en los sitios húmedos y oscuros, la cantidad de cualesquiera síntomas neuróticos será proporcional al número e intensidad de las heridas psicológicas sufridas por el individuo desde su infancia. 
Desgraciadamente, tal como insisto a menudo en estos artículos, en la actualidad se descuida enormemente el cuidado y amor que se debe a los niños, por lo que están incubándose gran número de futuros trastornos de personalidad. "Educar" a un niño no es simplemente alimentarlo, vestirlo, llevarlo a guarderías y colegios, enseñarle determinadas normas, llenarlo de conocimientos y habilidades intelectuales, y abrumarlo con juguetes o caprichos. No. Educar significa fundamentalmente dar cariño, aceptación y cuidados psicofísicos. únicos cimientos de la futura autoestima, autonomía y felicidad de las personas. Todo lo que se aleje de esto es pura dominación de los mayores sobre los pequeños, egocentrismo adulto, modos de transmisión y perpetuación del sufrimiento.
Como los problemas de personalidad tardan largos años en gestarse, tardarán igualmente mucho tiempo en superarse -suponiendo que los afectados decidan intentarlo, vía psicoterapia-. Pues lo que subyace a todo trastorno de personalidad es, siempre, el desamor, el miedo, la culpa y la rabia, emociones profundamente arraigadas en el corazón de la persona y, por ello, muy difíciles de desenmascarar y exorcizar. Lo dificulta, además, la propia desconfianza del sujeto frente al terapeuta y, por supuesto, su miedo a dejar de ser él mismo. ¡Los seres humanos nos aferramos incluso a nuestros sufrimientos!
En general, no podemos "eliminar" del todo un trastorno de personalidad, pues sería como querer cambiar la estructura de un edificio sin  demolerlo previamente. Pero sí podemos hacer importantes "reformas" en él, volverlo mucho más estable y habitable, contribuir a que el sujeto se sienta mucho más cómodo y satisfecho consigo mismo, las personas y la existencia.
© JOSÉ LUIS CANO GIL
Psicoterapeuta y Escritor

miércoles, 19 de octubre de 2011

"El cerebro Rechaza los Pensamientos Negativos"

James Gallagher
BBC, Salud

Una de las razones por la que los optimistas mantienen una actitud positiva incluso cuando no hay motivos ha sido descubierta, revelaron investigadores.


Según un estudio, publicado en la revista Nature Neuroscience, el cerebro es muy bueno procesando buenas noticias sobre el futuro.


Sin embargo en algunas personas, cualquier cosa negativa es prácticamente ignorada -manteniendo con ello una visión positiva del mundo.


Los autores aseguran que el optimismo tienen beneficios importantes para la salud.


El estudio


Científicos del University College de Londres dicen que alrededor de 80% de las personas son optimistas, aunque no se etiqueten como tal.


Evaluaron a 14 personas por su nivel de optimismo y los pusieron a prueba con un escáner cerebral.


A cada uno se le preguntó qué tan probable era que sucedieran 80 diferentes "eventos malos" -como un divorcio o padecer cáncer.


Luego se les dijo la verdadera probabilidad de que sucediera. Al final de la sesión, se les pidió a los participantes que calificaran las probabilidades de nuevo.


En los resultados actualizados de los optimistas hubo una marcada diferencia dependiendo de si en la realidad era una buena o mala noticia.


El investigador principal, Tali Sharot, dio el ejemplo de los riesgos de cáncer fijados en 30%.


Si el paciente creyó que su riesgo era de 40%, entonces al final del experimento rebajó su propio riesgo alrededor del 31%, dijo.


Sin embargo, si el paciente pensaba originalmente que el riesgo era del 10%, sólo aumentó marginalmente el riesgo -lo "inclinó un poco, pero no mucho".


Felices por elección


Cuando la noticia fue positiva, todas las personas tuvieron más actividad en los lóbulos frontales del cerebro, que están asociados con los errores de procesamiento.


Con la información negativa, los más optimistas tenían menor actividad en los lóbulos frontales, mientras que los menos optimistas tuvieron más.


Esto sugiere que el cerebro está escogiendo y seleccionando lo que quiere escuchar.


Sharot dijo: "Los mensajes de que fumar mata no funcionan porque la gente piensa que sus probabilidades de contraer cáncer son muy bajas. La tasa de divorcios es del 50% pero las personas no piensan que sea para ellos. Hay un sesgo muy fundamental en el cerebro".


El doctor Chris Chambers, neurocientífico de la Universidad de Cardiff, dijo: "Para mí, este trabajo destaca algo que se está volviendo cada vez más evidente en la neurociencia, que una parte importante de la función cerebral en la toma de decisiones es probar las predicciones contra la realidad - en esencia, todas las personas son "científicos".


"Y a pesar de cuan sofisticadas son estas redes neuronales, es iluminador ver cómo el cerebro a veces viene con respuestas incorrectas y demasiado optimistas a pesar de la evidencia".


Así, el optimismo parece ser bueno para la salud. Un estudio sobre casi 100.000 mujeres mostró un riesgo menor de enfermedad cardíaca y muerte en los optimistas.


Pero como Sharot señala: "El aspecto negativo es que subestiman los riesgos".