domingo, 16 de octubre de 2011

Tibet: digitalizan miles de manuscritos

Miles de textos tibetanos están siendo digitalizados con el objeto de preservar y difundir la rica literatura del Tibet, fuertemente influenciada por el budismo.
En el Centro de Recursos Budistas Tibetanos de Nueva York se escanean millones de páginas para incluirlas en un CD-ROM y ponerlas en la internet. El centro cuenta con unos 12.000 volúmenes de literatura tibetana, una de las mayores colecciones del mundo.

Muchas de las obras fueron sacadas del Tibet por refugiados que huyeron del territorio tras la invasión china en la década de 1950.
Preservación
Como no había imprentas en el Tibet, las obras están escritas a mano o impresas a partir de bloques de madera.
"Nuestro proyecto es principalmente de preservación, ya que el papel en que están impresos se está descomponiendo". Dadas las enormes dimensiones de la iniciativa, otras organizaciones -como el Proyecto de Arte del Himalaya, la Universidad de Virginia y el Consorcio del Conocimiento Tibetano- están colaborando en la digitalización.
Se estima que la base de datos contará con unas 8,4 millones de imágenes digitales de los textos.
"Estos documentos serán de gran importancia, no sólo para Occidente, sino también para los tibetanos, a quienes ayudarán a reconstruir su cultura".

Consumidores: la irresistible perversión de la necesidad

¿Ha hecho muchas compras para estas Navidades? Piense en esto: las grandes tiendas de negocios se las ingenian sin cesar para poner al consumidor en una situación psicológicamente debilitada. Los expertos en marketing elaboraron un sistema de presiones inconscientes basado en la iluminación, los olores, la música, el tacto, dirigido a transformar el acto de compra en una pulsión incontrolable. Todas ellas violan la mente para injertarle una lista "ideal" de reflejos condicionados, de manera de fabricar un consumidor inconsciente. ¡Desde ahora el placer sólo puede pasar por el consumo!

 La elección de la música ambiental de los supermercados no es para nada casual. Allí lo importante es el" tempo". Una música lenta, con tendencia a la nostalgia, aminora la marcha de los clientes. Y cuanto más tiempo pasan en el negocio, más consumen. Al contrario, en los fast-food, donde se desea acelerar la atención al público, se opta por música mucho más rítmica. Es una cuestión de rentabilidad… "El sonido es un poderoso estimulante de compra" confirma Thierry Lageat, responsable de marketing del grupo Brime Technologies. En esa sociedad de investigaciones en marketing sensorial, cada producto presentado por los industriales es probado antes de ser lanzado al mercado por expertos llamados "orejas de oro". Su función: comparar el sonido de los nuevos productos con los sonidos sintéticos que transmiten una imagen positiva.
"Tratamos de desarrollar normas para definir en qué consiste un sonido agradable y cargado de sentido. Por ejemplo, un sonido seco es símbolo de seguridad, y se lo preferirá para acompañar el cierre de un frasco de gel para ducha o de una puerta de auto. Otras sonoridades inscribirán en la mente del consumidor la idea de dinamismo, de frescura o de lujo". Escuchando de manera repetitiva esos sonidos especialmente creados, poco a poco el oído se va condicionando inconscientemente a prestarles más atención. En una pieza vecina, Christel, ingeniera en marketing sensorial, hace pruebas sobre cereales. Apertura de un sachet, vertido de leche, masticación. "Se trata de optimizar los sonidos que generarán el apetito a esos diferentes niveles", indica. "Desde la apertura del sachet, se trabaja todo lo relativo al sonido para despertar los sentidos. Si no se obtiene un buen sonido crujiente, se vuelve a calcular la forma de los cereales". Con la ayuda de un programa informático que integra la forma y los materiales del producto probado, esos científicos de la venta pueden conocer las modificaciones que deben introducirles para obtener la sonoridad "correcta".
En la lucha contra la competencia nada queda sin explorar, ni ninguna debilidad del consumidor sin explotar. Esa empresa trabaja también con el tacto. Estudia el agarre, la dureza, la adherencia de un producto, para definir así su cédula de identidad sensorial. Tanto con los teléfonos celulares como con las cortinas de los probadores de ropa. Para los industriales, en el caso de productos que están al alcance de la mano, como ocurre en los supermercados, el tacto es un medio extra para la persuasión de compra.

sábado, 15 de octubre de 2011

¿Tiene Dios su centro en el cerebro?

Los años finales del siglo XX y estos primeros del XXI están abriendo un campo nuevo tanto a la teología como a la llamada «ateología». Se trata de responder a la cuestión si estamos programados o no, bien desde nuestros genes, bien desde nuestros centros cerebrales, para la creencia auténtica o ilusoria en Dios. La prestigiosa revista francesa Le Monde des Religions dedica en su número de los meses de enero y febrero últimos a esta apasionante pregunta, bajo la autorizada firma de Joeelyn Morisson.
El especialista en genética Dean Hamer habla de un «gen de Dios» en nuestro ADN. El estadounidense Andrew Newberg, célebre investigador de los diversos centros cerebrales, ha introducido el nombre de una nueva disciplina que llama «neuroteología». En 2001 publicaba un libro que causó sensación titulado Por qué Dios no va a desaparecer y últimamente otro que lleva el nombre de Born to Believe (en español, Nacidos para creer). El profesor canadiense Michael Persinger ha ideado el llamado «casco de Dios» que ha permitido, según él, vivir una experiencia espiritual a un 80% de los investigados. Ese casco de Persinger estimularía un supuesto centro o punto de Dios de nuestro cerebro.
El mencionado Andrew Newberg ha sometido a una experiencia neuroteológica a un grupo voluntario de monjes budistas durante su meditación «zen» y observado las alteraciones reales concomitantes que se producían en los cerebros de estos monjes que afirmaban sentirse en fusión con el «Todo» trascendiendo lo somático y superando los límites del espacio y del tiempo. Después Newberg ha extendido su investigación cerebral a un grupo de religiosas franciscanas de vida contemplativa. Ellas afirmaban que en ese tiempo de la investigación sentían una proximidad intensa de lo divino en su interioridad. Otro neuroinvestigador canadiense llamado Mario Beauregard, de la universidad de Montreal, ha extendido por su parte la misma investigación del cerebro a quince carmelitas descalzas de estricta clausura. No le fue fácil conseguir la aquiescencia de las religiosas para poner sus cerebros en conexión con un dispositivo de resonancia magnética.
Todo el mundo se interroga sobre las conclusiones de tipo trascendente que se derivarían de los tales experimentos neurológicos que han provocado el alborozo de ateos militantes que creen confirmada su tesis de que Dios no es otra cosa que una colosal ilusión de nuestro cerebro con una existencia meramente virtual.
Y a la vez el terror de numerosos creyentes que verían reducida su fe a un mero espejismo. ¿Estamos programados en verdad -se pregunta uno- para creer en Dios en consonancia con lo que es en el fondo nuestra condición humana que es, en frase de Kierkegaard, «existencia ante Dios y para Dios»? O, como se ha dicho arriba, la existencia de un ser trascendente que llamamos Dios no es otra cosa que una simple alucinación de nuestro cerebro?
Tanto Newberg como Beauregard nos previenen contra la tentación de traspasar los límites del campo reservado a la ciencia experimental e irrumpir en el terreno de la filosofía y de la mística. Decir si Dios existe o no, no es cosa de los científicos. Ambos están de acuerdo en que su investigación se ciñe a lo que es verificable con el instrumental que proporciona la ciencia. Y ambos confiesan con gran honradez que su «investigación» no permite ni confirmar ni debilitar la realidad trascendente de Dios». «Si yo miro, dice Newberg, en el escáner el cerebro de una persona que está contemplando un pastel de manzana, puedo decir qué modificaciones están sucediendo en él, pero no puedo afirmar si hay o no ante esa persona un pastel de manzana».
Sin embargo, Beauregard añade por su parte que habría que superar un paradigma materialista organizador de las investigaciones basado en el prejuicio de que la conciencia no es otra cosa que un epifenómeno de la materia, y pasar a otro que se basa en la primacía de la mente frente a las modificaciones y estados cerebrales.
A lo que se viene a añadir que tanto los monjes del budismo «zen», como las religiosas contemplativas franciscanas y carmelitas afirman sin dudar que la realidad que ellos experimentan en su meditación es para ellos lo más real, mucho más real que los simples entes materiales. La autora del artículo, Jocelyn Morrison, termina así su estudio: «Decididamente, a pesar de que debamos ser cautos a la hora de interpretar las investigaciones sin que las hagamos decir más de lo que dicen, sin embargo es cierto que el cerebro no ha cesado de apasionar nuestra curiosidad».
Jocelyn Morrison                                                         

viernes, 14 de octubre de 2011

La maquinaria del populismo

No lo confiesa, pero es irrefutable: el populismo se basa en el corto plazo. No tiene ni quiere tener una visión estratégica, aunque mienta por sistema, y diga lo contrario. Por eso recurre a términos como "modelo" o "socialismo del siglo XXI". Ese modelo y ese socialismo no existen. Sólo existen el poder y el dinero para unos pocos. Poder y dinero que se incentivan de forma recíproca y embolsan a creciente ritmo. Por dinero y por poder se llega a la aceptación de todo, en busca del blindaje que ofrece la impunidad. "Profundizar el modelo" es robar y acumular más poder para unos pocos. En los populismos decaen los valores y se enloda la dignidad.
El populismo, para ganar y sostenerse, ofrece bienestar hoy (o aparente bienestar), sin importarle el mañana. Estimula el facilismo y la irresponsabilidad para conseguir adeptos, por lo cual la productividad baja. No estimula la formación de mano de obra calificada, ni estimula nuevas fuentes de trabajo. No disminuye de forma drástica la pobreza, sino que brinda a manos llenas el consuelo de la limosna. El permanente ascenso social no es logrado por ningún populismo. Esa no es su verdadera intención. El líder y su aparato burocrático "proclaman" que se solidarizan con los pobres. Pero es mentira, porque equivaldría a su suicidio. Sin pobres el populismo fallece. Los países que han conseguido minimizarlos no son populistas ni son tomados como ejemplo. La protección del gobierno populista a los empresarios que son sus amigos le ayuda a mantener la caja, no a incrementar la inversión. Y quienes expresan su disconformidad deben someterse a controles, extorsiones y hasta exilio.
Es obvio que el espíritu empresarial languidezca bajo la amenaza, el miedo y la incertidumbre. La competencia es un inconveniente para el populismo en todos los niveles (incluso estudiantil) porque exige esfuerzo y el esfuerzo es descalificado porque no recauda votos.En consecuencia, se iguala siempre para abajo, lo cual incrementa la pobreza.
Se aísla el país del mundo con medidas proteccionistas que anhelan ocultar el descenso del desarrollo. Las exportaciones se reducen a unos pocos productos debido a la falta de seguridad para una inversión diversificada. Se multiplica de forma incalculable la corrupción, al extremo de conseguir que este pecado se acepte como algo normal. También se tiende al partido único o un partido dominante que no ceda el poder. En algunos casos el partido dominante dura más que el líder fundador, lo que da lugar a una sucesión de mandatarios que se disfrazan de demócratas, pero obstruyen con ferocidad la alternancia. Es otra de sus trampas. Además, los discursos justicieros calientan la atmósfera y mantienen confundida a gran parte de la población.
Para sacudirse de los hombros la garúa envenenada que en algún momento empieza a caer sobre los líderes populistas cuando las "amadas masas" descubren que fueron engañadas, gritan que la culpa la tiene otro. El populismo es genial en la invención de enemigos. Los va cambiando según la ocasión: empresarios, Iglesia, corporaciones, inmigrantes, medios de comunicación, bancos, potencias extranjeras y así en adelante.
Nunca se trata de poner límites al resentimiento. Por el contrario, es una hoguera a la que se echa leña sin cesar, apasionadamente. Mientras más altas las llamas, mejor el resultado. De esa forma se tiene ocupada a la nación en una furiosa pelea entre sus integrantes, mientras quienes se benefician con el poder y el dinero recogen la cosecha.
El zarzal florecimiento del populismo en América latina aumenta las dificultades. Casi siempre se maquilla de izquierdismo o progresismo. Pero no es lo uno ni lo otro. El populismo es un vocablo político que empezó en la antigua Roma y resucitó a fines del siglo XVIII. Algunos teóricos se empeñan en resaltar sus virtudes. Pero los socialistas y comunistas siempre lo han criticado, porque lo ven como una vigorosa muestra de gatopardismo. Y es verdad. Promete cambios, pero sólo adopta medidas superficiales para que todo siga igual. Pone curitas a las heridas profundas. Convierte al idealizado pueblo en un niño que entusiasma con golosinas y cuentos de colores. Apunta a una suerte de protodemocracia que parece defender a los obreros, los pequeños emprendedores, los sindicatos, la baja clase media y la cultura autóctona. Recurre al nacionalismo con espolvoreo de xenofobia para mantener siempre abierto un costado del odio, tan necesario para conservar el poder.
Como dijimos, el populismo se ha mostrado incapaz de eliminar la pobreza y la desigualdad. La mayoría de sus líderes aborrecen a la izquierda genuina, pero coquetean con ella. Afirman ser distintos a los regímenes que piden eternos sacrificios en nombre de recompensas que sólo llegan al grupo dirigente. El populismo promete un nuevo sistema, ni capitalista ni comunista. ¿Recordamos "la Tercera Posición"? ¿Recordamos "ni yanquis ni marxistas: peronistas"? Además, casi siempre desemboca en el culto a la personalidad. En lugar de más democracia hay más genuflexión ante el "adorable" líder.
Recordemos un poco.
En el período de la última república romana aparecieron sinceros líderes llamados populares (o factio popularium : "partido de los del pueblo") que se oponían a la aristocracia tradicional y propugnaban una mejor distribución de la tierra, aliviar las deudas de los más pobres y dar mayor participación al grueso de la gente. Entre ellos, figuraban los Gracos, Sulpicio Rufo, Catilina y nada menos que Julio César. Contra estas figuras batalló una gran cabeza como la de Cicerón. ¿Aquellos fueron buenos y los actuales son malos?
En el siglo XVIII, como ya indiqué, resucitó este concepto. En Alemania había tomado jerarquía la difusa palabra Volk (pueblo), que Herder enalteció al desarrollar el Volkgeist (espíritu del pueblo). En Rusia se difundió el Narod , con igual significado. Como consecuencia negativa, en Alemania se desarrolló el pangermanismo y en Europa oriental, el paneslavismo. Pero recién fue Napoleón III quien instituyó la asistencia social con fines demagógicos y tuvo el claro propósito de someter el poder judicial y legislativo bajo su cetro. En América latina se lució un gran predecesor, nada menos que Simón Bolívar. Cuando este héroe puso término a las guerras de la independencia, en 1825 se hizo nombrar presidente vitalicio de Bolivia y Perú, con el anhelo de extender su dominio a la Gran Colombia. Quienes se atrevieron a criticarlo recibieron una respuesta digna del absurdo ionescano: "No será legal, pero es popular y, por lo tanto, propio de una república eminentemente democrática"... No es casual que los llamados países bolivarianos sigan ese ejemplo.
En síntesis, el populismo fascina y enamora, desencadena emociones y aumenta la alienación. Les hace daño a sus naciones, pero no a sus líderes, que suelen huir a tiempo con sus maletas bien cargadas.

Por Marcos AguinisEl autor es ensayista y escritor

lunes, 10 de octubre de 2011

"LA MUJER PEREFECTA"

Nasrudin conversaba con un amigo.
- Entonces, ¿Nunca pensaste en casarte?
- Sí pensé -respondió Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.
Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita.
Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material.
- ¿Y por qué no te casaste con ella?
- ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

jueves, 6 de octubre de 2011

Taoísmo


Conserva el Vacío Absoluto 
Y la perfecta Paz permanecerá 
Todas las cosas tienen un mismo origen 
Y desde allí las contemplamos retornar 
Todas las cosas emanan florecientes 
Y cada una de ellas regresa a su origen 
Regresar a su Principio es reposar
Reposar es encontrar el nuevo Destino 
Al regreso al Destino se le llama Eternidad. 
Al que conoce lo Eterno se le llama Iluminado 
El que desconoce lo Eterno su miseria es desventura 
Quien conoce la Eternidad todo lo posee 
Quien es justo con los demás es soberano 
Quien es soberano es semejante a lo Supremo
Lo Supremo es el Camino del Tao 
Alcanzando el Tao tendrá vida eterna 
Y aunque su cuerpo muera él nunca perecerá. 
(Lao Tse: Tao Te King)

martes, 4 de octubre de 2011

Urbanización y Sostenibilidad

Los núcleos urbanos que surgieron hace siglos como centros donde se gestaba la civilización se han ido transformando en lugares amenazados por la masificación, el ruido, los desechos... problemas que se agravan en las llamadas “megapolis” con más de diez millones de habitantes, cuyo número no para de crecer. El desafío urbano del que habla la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo ha de enfrentar, pues, bastantes problemas: los de contaminación, por supuesto, pero también los que plantea el consumo exacerbado de recursos energéticos, la destrucción de terrenos agrícolas, la degradación de los centros históricos, etc. Puede decirse que las ciudades constituyen hoy el paradigma de la imprevisión y de la especulación, es decir, de la insostenibilidad. Será en las ciudades del siglo XXI donde se decida el destino humano y donde se dicte el destino de la biosfera. No existirá un mundo sostenible sin ciudades sostenibles. Es necesario, pues, conciliar urbanización y sostenibilidad, desarrollando propuestas que garanticen el avance hacia ciudades que contribuyan a la sostenibilidad y con ello la continuidad de la especie humana y de las futuras generaciones.