jueves, 15 de septiembre de 2011

Palabras, Eugen Herrigel

Ya en el transcurso de la primera lección comprendimos que seguir el sendero del arte sin artificio, el zen, no era cosa fácil. El Maestro empezó por mostrarnos varios arcos japoneses, explicándonos que su extraordinaria elasticidad se debía a su particular construcción y al material con que estaban hechos, el bambú. Pero según su opinión, lo más importante era que observáramos la noble forma que el arco (de más de un metro ochenta de longitud) adoptaba no bien era extendido y que resultaba tanto más sorprendente cuanto más se lo estiraba. Cuando se lo despliega en toda su extensión, nos explicó, abarca en sí el "universo"; de ahí que sea tan importante aprender a extenderlo adecuadamente. Luego, escogió el mejor y el más fuerte de sus arcos y, asumiendo una actitud ceremoniosa y digna, dejó volver varias veces a su posición original la cuerda levemente estirada. Este movimiento produce un agudo chasquido, acompañado de un profundo rasguido que, después de haberlo escuchado cierto número de veces, es imposible olvidar; tan extraño resulta, tan conmovedoramente se apodera del corazón. Desde la más remota antigüedad se le ha atribuido el secreto poder de ahuyentar los malos espíritus, y no me resulta difícil creer que esta interpretación se haya arraigado profundamente en el corazón de todo el pueblo japonés. Después de este significativo introito de purificación y consagración, el Maestro nos ordenó que lo observáramos atentamente. Hizo una muesca y colocó una flecha en el arco -extendiéndolo en tal forma que temí por un momento que no resistiera la tensión necesaria para abarcar el universo - y disparó la flecha. Todo esto no sólo resultaba conmovedoramente hermoso, sino que parecía haber sido ejecutado con muy poco esfuerzo. El Maestro nos dictó entonces sus instrucciones: "Ahora haced otro tanto, pero recordad que la arquería no tiene por objeto fortalecer los músculos. Cuando estiréis la cuerda, no debéis ejercer toda la fuerza de que vuestro cuerpo es capaz; antes bien, debéis aprender a dejar que sólo vuestras dos manos actúen, dejando relajados los músculos del hombro y del brazo, como si éstos contemplaran la escena sin intervenir en ella. Sólo cuando podáis hacer esto habréis cumplido una de las condiciones que logran que el acto de estirar el arco y disparar la flecha sean actos espirituales". 

Eugen Herrigel (1884-1955) nació en Heidelberg, donde estudió filosofía. En 1924 obtuvo una cátedra para enseñar historia de la filosofía occidental en Japón y aprovechó la estada para comprender el budismo zen a través del arte del tiro con arco. En 1929, al regresar a Alemania, escribió un breve relato sobre sus experiencias y despertó tanto interés que decidió ampliarlo. La primera edición de Zen en el arte del tiro con arco se publicó en 1953 y en poco tiempo se convirtió en un clásico. Aquí, un fragmento de la primera clase que el maestro Kenzo Awa (1880-1939) dictó a sus discípulos 

domingo, 21 de agosto de 2011

HSIN-HSIN-MING (Poema de la Confianza en la Mente Pura, la Naturaleza) Seng-Ts’an (Tercer Patriarca Chan)



La Gran Vía no es difícil, pero hay que evitar tener preferencias.
La Vía es clara cuando amor y odio no están presentes.

Si haces una mínima distinción, cielo y tierra se separan hasta el infinito.
Estar a favor o en contra es la enfermedad del espíritu.

Si no entiendes el significado profundo de las cosas,
no podrás apaciguar tu espíritu.

La Vía , infinita como el espacio, es perfecta
y nada falta o sobra en ella.

Al desear o rechazar las cosas
no las vemos como son.

No busques el mundo de los fenómenos,
No te apegues a la vacuidad.

Permanece tranquilo y sin esfuerzo en el Uno
y esas ideas desaparecerán por sí solas.

Cuando quieres estar en la quietud,
ésta engendra actividad.

Si estás en un extremo o en otro,
no podrás conocer el Uno.

Si no permaneces en la unidad de la Vía,
La actividad y la quietud llevan al fracaso.

Si consideras sólo la existencia de las cosas, no ves su vacuidad.
Si te asientas en el vacío, no ves la realidad.

Pensar y hablar sobre ello nos aleja de la vía.
Si abandonamos el pensamiento y el habla, no habrá verdad que no se pueda alcanzar.

Retornando al origen encontramos el significado,
pero si vas tras las apariencias te alejas del origen .

Si aunque sólo sea un instante realizamos la mirada interior,
fenómenos y vacío podrán ser transcendidos.

Si nos parece que el mundo cambia incesantemente
es debido a nuestra ignorancia.

No se trata de buscar la verdad,
sólo hay que dejar de tener prejuicios.

No te asientes en la dualidad.
Evita seguir opiniones duales.

Si consideras “correcto” o “incorrecto”,
te deslizas en el mundo de los opuestos y el espíritu caerá en la confusión.

Todo lo dual proviene del Uno,
pero no te apegues al Uno.

Cuando el espíritu se unifica sin apego,
los fenómenos son inofensivos.

Cuando los fenómenos son inofensivos
dejan de existir y con ellos el espíritu.

El sujeto existe porque hay objeto.
El objeto existe porque hay sujeto.

Sujeto y objeto se desvanecen.
En verdad, no son otra cosa que vacío.

En la unidad del vacío,
sujeto y objeto son indistinguibles y contienen el mundo entero.

Si no haces ninguna distinción entre grosero y sutil,
permanecerás alejado de los prejuicios.

La Gran Vía no es fácil, no es difícil,
pero la duda y la prisa son grandes obstáculos.

Apegarnos a la Gran Vía es caer en el error.
Deja que las cosas sigan su propia naturaleza.

Si dejas que las cosas sean a su manera,
no habrá ir ni venir y, libre, estarás tranquilo.

Cuando el pensamiento se enreda en juicios,
no vemos la verdad de las cosas y engendramos sufrimiento.

La confusión y el malestar cansan el espíritu.
¿Para qué desear esto o no querer aquello?

Para ir por el Camino único deja los prejuicios contra el mundo de los sentidos y de las ideas.
Cuando lo aceptes plenamente, alcanzarás la iluminación.

El hombre sabio no se obstaculiza a sí mismo,
pero el ignorante se encadena con el amor y el odio.

Las cosas del mundo no saben de discriminaciones.
Buscar el espíritu con la mente que distingue es el gran error.

Quietud e inquietud son ilusorias,
En la iluminación no hay apego o aversión.

La dualidad surge de nuestras deducciones.
¡Que ganancia y pérdida desaparezcan para siempre!

Si nuestros ojos no duermen, no habrá sueños.
Si el espíritu no se pierde en discriminaciones, la esencia única.

Cuando vemos la esencia única en todas las cosas,
nos liberamos de todas las ataduras.

Al ver todas las cosas con ecuanimidad,
regresamos a nuestra naturaleza original.

En nuestra naturaleza original
nada puede ser comparado.

Movimiento y reposo desaparecen.
La dualidad deja de existir.

Cuando la dualidad desaparece, la misma unidad desaparece.
Nada puede describirlo.

Las dudas se desvanecen y la fe verdadera reaparece.
Sin aferrarnos a nada, libres.

Todo está vacío, claro y luminoso por sí mismo.
Este mundo, en el que las cosas son tal cual son, el intelecto no lo alcanza.

En él no hay yo ni otros.
Para experienciarlo basta con “no dos”.

Todo es idéntico y está contenido en la no dualidad.
Los sabios saben esto.

Ni existente, ni no existente.
En todas partes y siempre delante de nuestros ojos.

Lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande
son lo mismo. Sin límites.

La existencia es la no-existencia.
La no-existencia es existencia.

Uno en todas las cosas.
Todas las cosas Uno.

Si comprendes esto,
no te preocuparás por la imperfección.

La fe es no-dos.
Lo que no es no-dos no es el espíritu de la fe.

Más allá del lenguaje,
Ni pasado, ni presente, ni futuro.

sábado, 13 de agosto de 2011

Extracto de la serie “Un nuevo siglo de la salud: El budismo y el arte de curar”

"El sufrimiento estimula la sabiduría y abre el camino hacia la felicidad. Una enfermedad, por ejemplo, nos puede ayudar a comprender el profundo significado de la vida, desarrollar un mayor aprecio por el valor y la dignidad de la vida, y, en última instancia, disfrutar de una existencia de mayores satisfacciones."
"La salud no es sólo ausencia de enfermedad. La verdadera salud es el deseo de superar cada forma de adversidad e inclusive de hacer uso de las peores circunstancias como resortes para un nuevo crecimiento y desarrollo. En resumen, la salud es esencialmente la renovación constante y el rejuvenecimiento de la vida."
"¿La salud es un estado en el que nuestro cuerpo simplemente está libre de dolencias? Gozar de buena salud implica mantener la vigorosa disposición de combatir con emprendimiento cualquier cosa que sea perjudicial para nuestro bienestar. La esencia de la verdadera salud humana se encuentra en esta decisión indoblegable de luchar, desafiarse, crear y avanzar incesantemente."
Daisaku Ikeda

viernes, 12 de agosto de 2011

Francisco Varela: La mente y la conciencia desde la perspectiva científica, filosófica y budista

Hay un número cada vez mayor de pruebas que el budismo puede tener potencialmente una importante y productiva influencia sobre la ciencia moderna, principalmente a dos niveles: (i) a nivel de la investigación detallada en el estudio de la mente, y (ii) el impacto epistemológico sobre los fundamentos de la ciencia, especialmente en la física. Las biociencias se han desarrollado enormemente durante los últimos 50 años. Una de sus principales ramas es el estudio de la mente, la cognición, las emociones y los fenómenos mentales, donde las ciencias del cerebro, o neurociencias, tienen un papel fundamental. Hay una confluencia inusual de disciplinas que colectivamente dirigen su enfoque a la naturaleza de la cognición, la emoción y la acción. Estas disciplinas incluyen a la neurociencia, la genética molecular, la psicología experimental, la inteligencia artificial y la lingüística. Algunos esfuerzos interdisciplinarios muy importantes han aparecido de esta hibridación, incluyendo las ciencias cognitivas, la neurociencia y la neurociencia de las emociones. Estas nuevas ciencias interdisciplinarias han aceptado rápidamente el estudio de la mente como un objeto científico y han permitido que la ciencia moderna se acerque a este esfuerzo con un rigor y precisión sin precedentes. Como consecuencia de esta investigación pionera, la ciencia ha estado despertando gradualmente a lo que, hasta muy recientemente, parecía ???Falto de rigor científico???: la conciencia misma. ¿Puede un estudio científico de la mente dejar fuera lo que está siempre presente en los seres humanos: su propia experiencia? ¿Qué es la Conciencia? ¿Cómo está relacionada con las otras habilidades mentales generadas por el cerebro; como la visión, la emoción, y la memoria? ¿Cuan plástico es el potencial del cerebro para cubrir las necesidades humanas en medicina y educación? Esta conciencia ???revolución??? ha traído al primer plano el simple hecho de que estudiar el cerebro y el comportamiento requiere de un complemento equitativamente disciplinado: la exploración de la experiencia misma. Es aquí donde el budismo aparece como una fuente sobresaliente de observaciones que se ocupan de la mente humana y la experiencia, acumulado durante siglos con un gran rigor teórico, y, lo que es aún mas importante, con ejercicios y prácticas muy precisos para la exploración individual. Este tesoro de conocimientos es un asombroso aporte para la ciencia. Donde el refinamiento material de la ciencia es incomparable en estudios empíricos, el nivel experiencial todavía es inmaduro e ingenuo, comparado con el tiempo que la tradición budista le ha dedicado a estudiar la mente humana. (Francisco Varela 1946 - 2001)