viernes, 22 de octubre de 2010

CUENTOS SUFÍES del MULLAH NASRUDIN


“Dicen que hace mucho tiempo, en uno de los zocos más importantes de Bagdad, el imán Nasrudín, abrió una tienda donde su única mercancía era exclusivamente dos loros encerrados en la misma jaula. Uno tenía un plumaje espectacular lleno de vivos y relucientes colores y que además cantaba maravillosamente, mientras que el otro estaba en un estado calamitoso y permanecía mudo. El primero estaba valorado en cincuenta monedas de oro y el segundo en ¡tres mil!
Un hombre que pasaba por delante de la tienda, atraído por los trinos del loro cantor penetró en el recinto, lo primero que observó, fue a Nasrudín que dormitaba plácidamente arrullado por la melodía incansable de aquel pájaro maravilloso, lo segundo que le llamó la atención fue la diferencia de precio que había entre aquellas dos aves. Despertó con suavidad a Nasrudín y dirigiéndose a él le dijo:
- Disculpad mi atrevimiento al sacaros de vuestro ensimismamiento, desearía compraros ese magnífico loro cuyo canto no deja de asombrarme, aquí tenéis las cincuenta monedas de oro, ¡contadlas por favor!
- Imposible, no puedo vender los dos pájaros por separado – le respondió Nasrudín.
- ¿Pero, por qué?
- Se morirían de pena si los separase.
- Bien – dijo el comprador – pero ¿cómo explica usted una diferencia en el precio tan exagerada? Pues, el más feo cuesta infinitamente más que el más bello y, además ¡no canta!
- -¡No se equivoque usted, mi señor, el loro que usted encuentra feo y deplorable, es el compositor!”
Zoco: En Marruecos y el norte de Africa es el lugar donde se celebra un Mercado
El sufismo es una religión mística de origen persa con raíces en el Islam, aunque hay quienes lo consideran incluso anterior a éste. Es la religión de la inmediatez. Su filosofía es la de lo relevante en el aquí y el ahora. Son devotos de lo absurdo y detractores de los dogmas. Su búsqueda es la de la verdad que sólo se encuentra mirando adentro de uno mismo, porque nada está afuera, aunque se esté en el mundo.
Conscientes de la imposibilidad de transmitir su sabiduría mística en lenguaje común, adoptaron el uso de la parábola poética para indicar que la verdad de La Vida yace detrás de sus múltiples apariencias. Los personajes de sus historias son casi siempre los mismos maestros que han corrido siglos de aventuras. Nasrudin, por ejemplo, el malhumorado Mullah, se supone fue en la realidad un maestro que vivió en el s. XIII en Persia y que se convirtió en uno de los más típicos de los llamados “Sabios Tontos”: independientes, ingeniosos, surrealistas, cuyo talento es la supervivencia, porque para sobrevivir se requiere estar atentos a La Vida.

                                                       

ME HAN CONTADO

Una vez, un hombre viajó por todo el mundo buscando a la mujer perfecta. Ël quería casarse, pero ¿cómo iba a poder aceptar a un modelo imperfecto?. El quería a una mujer perfecta: Regresó después de haber desperdiciado toda  su vida porqué no pudo encontrarla: Entonces, un día un amigo le dijo: - Ahora ya tienes setenta años y has buscado toda tu vida. ¿No pudiste encontrar a una sola mujer perfecta?. El hombre contestó: - Sí, una vez encontré a una  mujer perfecta.- ¿Y qué sucedió?-. El hombre dijo entristecido: -¿Qué sucedió?. Esa mujer estaba buscando al hombre perfecto, así que no sucedió nada.

RECUERDA, EL IDEAL DE PERFECCIÓN ES UN IDEAL EGOÍSTA

lunes, 18 de octubre de 2010

EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO



Hay que precisar que para practicar el budismo Mahayana y el Vajrayana es imprescindible tener un maestro cualificado, es importante que pertenezca a un linaje puro y que tenga auténticas cualidades como la compasión, que no dé importancia al éxito o al fracaso, al beneficio o la pérdida, a las alabanzas o las críticas, al placer o al dolor, es decir que sea ecuánime, que tenga paciencia y que sea incansable en el trato con sus discípulos y en difundir el Dharma.  


Tradicionalmente en Tibet antes de llegar a una verdadera relación maestro-discípulo se esperaba un periodo de 9 años en el que el discípulo observaba las cualidades del maestro durante 3 años, el maestro las capacidades del discípulo otros 3, y se observaban mutuamente otros 3. Solo entonces surgía el compromiso entre ambos.

En el Tibet se dice NO EXAMINAR AL MAESTRO ES COMO BEBER VENENO.


NO EXAMINAR AL DISCÍPULO ES COMO SALTAR A UN PRECIPICIO.

viernes, 15 de octubre de 2010

LA IMPERMANENCIA

Entender la impermanencia enciende nuestra pasión por explorar aun más nuestro potencial. Se considera que el hombre vive en promedio unas cuatro mil semanas. Es como si viviéramos un tiempo prestado y un reloj de arena invisible midiera los días dejando caer los granitos ¿Cuántos días nos quedan?. Cada vez nos queda menos tiempo. Estamos seguro que vamos a morir, lo que no sabemos es cuando ni como. Nuestra respiración nos une a la vida. Un día, después de haber inhalado varis veces, exhalaremos por última vez y ese será el fin  de esta vida. Toda vida tiene un plazo. Todo momento- sobre todo este- cuenta.

La impermanencia quizá sea la principal característica de la existencia humana. En nuestra vida diaria, los buenos y los malos momentos viene y van. Los niños crecen y los adultos envejecen. La vida se perpetúa en infinitos ciclos. Todo tiene un comienzo, un centro y un final, cada comienzo contiene su propio fin y cada fin encierra la promesa de un nuevo comienzo. Nada permanece tal como es ahora: el presente no vuelve. Parte del arte de vivir es poder comenzar bien cada momento, centrar la atención, soltarse gentilmente y, luego, despedirse dándole a cada instante sus propias cualidades.

Un día que no concluyó adecuadamente proyectará los elementos no procesados al día siguiente. Quizá sea algo que descuidemos o pasamos por alto, o un sentimiento que no hemos podido sentir, cualquiera sea su forma, los elementos del día no resueltos nos acompañan como un equipaje molesto. La frustración de hoy obedece a causas que ocurrieron en el pasado, si tampoco cuestionamos nuestro desengaño, éste se convierte en otro resto de experiencia antigua que va apilándose en una esquina. 

viernes, 8 de octubre de 2010

Tener Paciencia No Significa “Tragarse Sapos”


Estamos viviendo una creciente paradoja: la vida moderna, con sus medios de comunicación cada vez más veloces, viene requiriéndonos tener más y más paciencia. Si pensamos que estamos ganando tiempo al aplicar la tecnología moderna en nuestro vivir cotidiano, es mejor reconocer que de esta manera hemos perdido la habilidad de lidiar con nuestro tiempo interno: estamos cada vez más impacientes.

Queremos que nuestro mundo interno, nuestras emociones, sentimientos y percepciones, fluyan con la misma velocidad máxima de Internet… Como no toleramos esperar el tiempo natural de la maduración de nuestras emociones, sufrimos el dolor de la impaciencia: semejante a una quemadura interna, ardemos de ansiedad!

Intuitivamente, sabemos que algo no va bien, pero como tenemos la urgencia de librarnos de la prisa interna cada vez más estimulada por la aceleración de los acontecimientos, no tenemos más tiempo para sentir, comprender y transformar nuestras emociones.

Sufrimos una gran paradoja; cada vez que producimos más en el mundo externo, creamos menos en el mundo interno. Podemos estar ganando más tiempo y espacio a nuestro alrededor, pero tenemos que admitir que estamos perdiendo la habilidad de lidiar con nuestro tiempo y espacio internos.

Paradoja es una contradicción, algo que ocurre al contrario de lo esperado. Todos nosotros, con  la inocente esperanza de vivir mejor, asumimos más compromisos de los que podemos y después nos sorprendemos con problemas más serios e inesperados de lo que imaginábamos enfrentar. Cuando las cosas no funcionan de acuerdo a nuestras expectativas, tenemos cada vez menos paciencia, nos tornamos más rígidos y cansados


Por que continuamos en esta rueda viva si ya tenemos conciencia de sus consecuencias? Creo que parte de nuestra confusión interna está en el hecho de que comprendemos erróneamente la virtud de la paciencia. Por ignorancia,  insistimos en un esfuerzo insensato. Por ejemplo, quien no confundió ya la experiencia de creer que estaba teniendo paciencia cuando en realidad estaba tragando sapos?

En cuanto confundimos autocontrol con la capacidad de reprimir nuestros sentimientos, en lugar de conocerlos, estaremos corriendo el riesgo de tolerar lo que no es para ser tolerado! En ciertas situaciones adversas, podemos pensar que estamos teniendo  paciencia, cuando, en verdad, estamos apenas sobrecargando. Soportamos el sufrimiento externo a costillas de mucho sufrimiento interno.

Ser paciente no significa sobrecargarse de sufrimiento interno, ni en estar vulnerable o ser permisivo con relación a las condiciones externas. Tener paciencia no es ser víctima pasiva de la desorganización ajena. No es útil, por ejemplo, tener paciencia en una situación en la que estemos siendo espiados.

Según la psicología del bhudismo tibetano, tener paciencia es la fuerza interior de no dejarse llevar por la negatividad. Tener paciencia es escoger mantener la claridad emocional cuando el otro ya la perdió. En este sentido, tener paciencia es decidir  mantener su mente limpia, libre de la contaminación de la rabia y del apego.

En tanto,  no basta tener una intención clara en cuanto a nuestras elecciones, es preciso desenvolver la fuerza interior para sustentarlas. En este sentido, no basta comprender racionalmente lo que es tener paciencia, es preciso cultivarla  interiormente. Tenemos que admitir que el tiempo del que precisamos para madurar una comprensión emocional es mucho mayor de aquel del que necesitamos para su comprensión racional.

Según el Bhudismo Tibetano, hay tres tipos de  Paciencia:

1-     No molestarse con prejuicios inflingidos por otras personas, esto es no inquietarnos cuando somos intencionalmente provocados y heridos.
2-     Aceptar voluntariamente el sufrimiento para sí: si alguien demuestra tener rabia de usted, usted no debe responder con rabia; o, si alguien lo lastima o insulta, usted no debe devolver, pero sí comprender que la otra persona no tuvo control sobre sus emociones.
3-     Ser capaz de soportar los sufrimientos propios del desenvolvimiento espiritual.


Inicialmente, podríamos evaluar estos tipos de paciencia como un estado de cobardía o de sumisión aparentemente masoquista. Si,  al no reaccionar delante de una provocación, y estuviéramos apenas intentando contener nuestra rabia en vez de buscar como transformarla, acabaremos por explotar y nos tornaremos rencorosos. En cuanto al autocontrol excesivo que niega nuestras necesidades internas, el autocontrol saludable no reprime los sentimientos: lidia directamente con ellos.

LAMA GANGCHEN notó que para nosotros los occidentales, la palabra paciencia está contaminada por un sentimiento de soportar una dificultad, al revés de estar asociada a la intención de libertarnos de ella. Entonces, él sugiere que cambiemos la palabra paciencia por espacio. La próxima vez que usted piense: “Necesito de paciencia con fulano”, diga para si mismo: Necesito crear un espacio entre fulano y yo”.  No se trata de distanciarse de alguien, como una fuga, pero si recuperar su autonomía emocional.

AUTOCONTROL sobreviene del auto-conocimiento. Una vez que sabemos reconocer nuestros límites, seremos capaces de no perder el control simplemente por respetarlos. Sabremos el momento cierto de parar, cuando no tememos más sentirnos impotentes delante de los hechos, pues, al reconocer nuestros límites, aprendemos que “dar un golpe a la punta del puñal” nos herirá más. Esto no quiere decir que nos convertiremos en unos cobardes. Al contrario, por medio de la paciencia, conseguimos desenvolver una auto-imagen capaz de confiar en la capacidad de seguir al frente de una manera segura y continua, sin necesitar luchar contra el mundo. La posibilidad de cultivar la paciencia  sobreviene de la fuerza de ir más allá de la negatividad, al revés de interactuar con ella.

Para saber si estamos practicando verdaderamente la paciencia, podemos observar cuánto nuestras palabras y comportamiento han herido a los otros. Del mismo modo, estaremos lastimándonos menos si respetamos la necesidad natural de tener tiempo y espacio para estar con nuestras emociones, sean positivas o negativas.

lunes, 27 de septiembre de 2010

¿QUE ES UN PROBLEMA ?


Un problema es algo que nos lanzan, algo que estamos obligados a afrontar, un reto, mayor o menor. Un problema que no hemos resuelto, exige de nosotros que le hagamos frente, que lo comprendamos, que lo solucionemos y actuemos en consecuencia. Un problema es algo que nos arrojan, a menudo de manera inesperada, tanto al nivel consciente como al inconsciente; es un desafío superficial o profundo.

¿Cómo abordamos un problema? La manera en que lo abordamos es más importante que el problema mismo. Si uno  no aborda un problema libremente, está siempre dirigiendo la solución conforme a su propio condicionamiento.

Importa mucho darse cuenta de cómo aborda uno un problema, observándolo y sin tratar de aplicarle una solución; o sea, viendo en el problema mismo la respuesta. Y eso depende de cómo uno lo encara, de cómo lo mira. Cuando abordamos un problema, es muy importante que percibamos nuestro condicionamiento y nos liberemos de ese condicionamiento.

La percepción significa no solo observar con todos los sentidos, sino también ver, percibir si existe una división entre uno mismo y eso que uno observa.

EL CONFLICTO SE CREA ENTRE LO QUE DEBERIA SER Y LO QUE ES.

KRISHNAMURTI: Filósofo, educador y maestro espiritual, nació en la India en 1895, murió en California a los 90 años.     

miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA MEDITACIÓN

La Meditación es una forma de entender la verdad muy fundamental y muy simple; que es posible descubrirse y trabajar consigo mismo. La meta es el camino y el camino es la meta. Aparte de la practica de la meditación, no hay otra manera de alcanzar la cordura básica, ninguna en absoluto. La prueba es que en los últimos dos mil quinientos años, desde la época del Buda y pasando por generación tras generación de maestros realizados del linaje, siempre ha habido seres que han alcanzado la liberación por medio de la práctica de la meditación. No es mito, es la realidad. Fué así y sigue siendo así; ocurrió así y funcionó, y sigue ocurriendo así y funcionando. Pero sin la práctica de la meditación no existe ninguna posibilidad.

                                                  Chögyang Trungpa Rinpoche